Las tragedias ordinarias de la vida analítica

 Comentario  sobe el libro  Still Practicing de S. Buechler

Patricia González Duarte

La autora nos comparte con ejemplos de su experiencia personal como terapeuta y como supervisora, los efectos del impacto acumulado de las pérdidas, referidas  no sólo a la ausencia de un paciente, sino de pérdidas más sutiles que nos van desgastando : como la capacidad de pensar claramente durante las sesiones, la pérdida de la ilusión de quienes somos como clínicos y como personas frente a ellos ,la pérdida de las esperanzas, sueños y fantasías que ocurren de manera implícita y se explicita en lo implícito de la relación terapéutica.

Menciona también la pérdida de la autoestima y de la espontaneidad, sobre todo la pérdida de la conexión emocional,  para finalizar con diferentes reflexiones encaminadas a rescatar la idea de que no hay una práctica clínica ideal, que a pesar de las angustias y alegrías experimentadas en el trabajo cotidiano;  se sigue reinventando la relación terapéutica, tal y como ella hace la analogía de que cada sesión “es un baile donde los dos participantes se alejan y acercan uno al otro en confianza e intimidad”.

Comentario
Desde el inicio de la lectura de este capítulo me sentí en un dialogo constante con la autora a través de todas las preguntas que le hace a sus lectores y por las respuestas que el texto  iba generando en mí; primero se me cerró la comprensión fluida del texto en inglés, luego me sentí agobiada al tratar de evadir la identificación con algunos de los sentimientos y circunstancias de la que hace mención, que también conozco y reflexiono acerca de ellos como respuesta contratransferencial, pero no lo había hecho tan de golpe con todas juntas como se  presentan en el texto  y al mismo tiempo teniendo la sensación de que caen como una avalancha en la conciencia y en la experiencia.
Me llamó la atención lo relacionado con la pérdida de la capacidad cognitiva: la distracción, el enojo, la vergüenza, la culpa, y la falta de memoria entre otras más, que surgen ante el inevitable paso de los años.
En el escrito hace mención de la diferencia de experiencias entre unos y otros analistas, pero también hace muchas preguntas, hoy les quiero compartir una respuesta, y es  la forma en que he ido aprendiendo a resolver la vergüenza de admitir la verdad de un error o una incapacidad, esa vergüenza que se siente en la intimidad de uno mismo;  así fue, que desde mis inicios aprendí a compartir y a pedir a mis compañeros, colegas y maestros; puntos de vista acerca de alguna situación problemática del proceso terapéutico con algún paciente, a veces, más allá de la supervisión y del análisis didáctico y esto surgía de la necesidad de una pronta comprensión-  resolución del problema, de la confianza  y de la inmediatez con que  podía comunicarme con ellos.
El valor para buscar la compañía y la  guía, favorecía la disminución del miedo y la inseguridad, así como la conexión con el paciente y con uno mismo, comprendiendo  mejor lo que sucedía en lo que la autora llamas “el microcosmos analítico, donde los dos participantes  tienen la oportunidad de reparar su manera de lidiar con la insatisfacción humana”
Otra alternativa como analista, para enfrentar la vergüenza y el miedo experimentados como parte del trabajo clínico, ha sido el  Seminario Permanente de Casos Clínicos del SEMSOAC; y que se distingue, por la presentación libre de material clínico, donde además de ver los aspectos  teóricos y técnicos, se da especial cuidado a la observación de la relación terapéutica y a la transferencia, todos los colegas, con diferentes niveles de experiencia opinan sobre lo observado sin censura, sin señalamientos que como dice la autora “ nos hagan sentir tristes”, en tanto que el colega que presenta, lo puede hacer  con la certeza de que recibirá abrazos y estímulos a través de las palabras, el grupo en sí mismo, da contención, mantiene activa la mente, actualiza, hace pensar juntos, solidariza a unos con otros, hermana con las experiencias que se van teniendo, a veces es divertido, y por alguna razón también es adictivo.

Me permito expresar ahora: todos tenemos libros entrañables que marcan algún episodio de nuestra vida y se vuelven  “libros de cabecera”,  este libro de la Dra. S. Buechler, que nos presenta sus experiencias acompañadas de algunos fragmentos de poesía y tragedias griegas como Edipo o el Rey Lear, lo hacen muy didáctico, humano y entrañable.
Son ejemplo de lo anterior, los nombres sensiblemente escogidos por ella para describir las fantasías que pueden ser confirmadas por la existencia y los límites propios del encuadre  analítico: fantasía del alma gemela, la de hacer a un lado el interés por uno mismo, la de que las palabras son innecesarias, la de que una sola persona puede cubrir todas nuestras necesidades y la fantasía del entendimiento perfecto.
Además es novedosa la orientación de un texto sobre la persona del analista, sus sentimientos y procesos; el nombre del libro y su contenido, alerta, despierta el corazón y la conciencia  para agudizar la observación, previene de los efectos a largo plazo sobre la autoestima y la creatividad dentro del trabajo clínico, que  se pueden tener conforme uno va encaneciendo, sin dejar de ver y de aprender gracias a los pacientes, que  una vida a largo plazo, para no enajenarse y para que sea satisfactoria, se acompañe de alegría y de experiencias significativas propias.
Coyoacán   Octubre l 2012

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