Comentario de ‘Still Practicing’ (cap. 1 y 2)

Still Practicing de Sandra Buechler.

Comentarios Por Guadalupe Sánchez E.
CAPÍTULO 1: FAILING TO CULTIVATE CLINICAL STRENGTHS (Fallando en cultivar las fortalezas clínicas)
CAPÍTULO 2: EMOTIONAL HAZARDS OF CLINICAL TRAINING (Peligros emocionales del entrenamiento clínico)
El primer capítulo me gustó mucho por cómo Sandra nos cuenta de las fortalezas clínicas que se requieren para ser un psicoterapeuta,  ya nos había hablado en su libro Emociones que guían el tratamiento psicoanalítico de 2008 de estas y por cómo las explica: Curiosidad, valor, confianza profesional, identidad, integridad, conciencia sobre el propio estilo, capacidad de involucrarse con pacientes de una manera no-narcisista, entre otras y que resulta muy refrescante. Describe un trabajo en psicoanálisis moderno, vivo, diferente al del pasado con un lenguaje interpersonal que incluye las emociones y los sentimientos y lo relacional. Se refiere a los participantes como sujetos activos en influencia mutua.
Sandra cuestiona y confronta los entrenamientos ¿cultivan fortalezas clínicas o fallan? Presenta a Joan supervisando a John como ejemplo, sus ejemplos los presenta  a la manera de un reality show ilustra las diversas posibilidades en la mente. Plantea valerosamente cómo falla el entrenamiento en esta tarea  con  efectos negativos en el desarrollo de estas destrezas clínicas: inhiben la natural curiosidad y responsividad así como la creatividad de los candidatos en formación. No se dan  estímulos al valor, si no que estigmatiza a los estudiantes como cobardes (de ahí el cap. 2) genera problemas en la  autoestima, fomenta el narcisismo afectando la identidad profesional.
En el segundo capitulo la autora reflexiona sobre el reto que es el entrenamiento psicoanalítico de los candidatos. Nos habla de la Transmisión del Psicoanálisis
Lectura que me hizo preguntarme primero que nada ¿Es el psicoanálisis una experiencia transmisible?  Y qué era la transmisión.  Viene de “trans” que quiere decir “paso al lado opuesto”, es la noción de un pasaje, a otro lado. “Misión” quiere decir enviar o lanzar. Esto resulta simpático ya que el candidato emprende una formación para ser  lanzado al otro lado, al del lugar del  terapeuta, el maestro, el supervisor; de analizando al lugar del analista, cambia de lugar así como de silla. Al mismo tiempo es intransmisible porque se construye realmente cuando que se vive como forma de vida laboral
Sandra revisa varios autores como Kernberg (1996), Michels, Brodbeck (2008) que han documentado el tema de los efectos negativos en el proceso formativo por parte de los institutos.
Repasar el proceso de formación con Sandra resulta doloroso. Se ven los errores y los efectos inmediatos en la formación y las consecuencias a largo plazo negativas, se repasa la propia trayectoria personal, lo vivido y lo sufrido.  Así como la enseñanza del saber psicoanalítico y la supuesta transmisión que hemos emprendido.
Sandra nos da ejemplos de personajes ficticios que me parece tienen una relación muy infeliz consigo mismos, y eso es triste.
Algo que menciona y es muy interesante es La PRESIÓN por imitar nos comenta que se da a un nivel consciente pero en realidad sucede como un proceso inconsciente, involuntariamente. Los candidatos terminan hablando,  moviendo las manos o con posturas similares a las del supervisor o analista, lo quieran o no,  en un fenómeno que se conoce como identificación, con el riesgo de no ser ellos mismos, el  “not me” término que retoma la autora  de Sullivan y que es central.
Falta cuestionar la superestructura ideológica de un  sistema de enseñanza-aprendizaje tradicional autoritaria que desciende de la herencia de la enseñanza de la medicina clásica centrada en la academia instituto o escuela y que es lo que propicia el abuso de poder y el maltrato, en la cadena de posiciones. Un método más parecido a la formación religiosa basado en dogmas de fe,  no  centrada en el estudiante o en el enfermo y que no toma en cuenta  la relación maestro –alumno, médico –paciente, analizando-analista.
En mi experiencia analizando estudiantes de medicina, abogadas, o personas que quieren ser maestras, he podido constatar un proceso muy parecido en sus carreras que comparten ese método tradicional y las mismas decepciones dudas inseguridades de si podrán con la misión  La formación en medicina por ejemplo resulta  deshumanizante y propicia altas defensas.  En cambio la psicoanalítica aparece  pese a todo humanizante y a la larga desafiante de las defensas  llegando a flexibilizarlas.
Sandra sintetiza en 10 puntos, las diferencias entre la formación psicoanalítica y otras profesiones y que determinan un sentimiento de vergüenza y baja autoestima en los candidatos. A nosotros nos va  mucho peor en los requisitos:
1.- Clases teóricas frente a los expertos  2.- la presentación de casos en grupo 3.- La practica clínica temprana 4.- La supervisión de casos teniendo que escoger  supervisores como Sandra comenta 5.- El análisis personal. Estos dos últimos requisitos que no existen en la formación de otras carreras.
Así el panorama imaginemos los procesos transferenciales que también se la juegan en la formación con distintos personajes. Creo que es indispensable  alguna buena transferencia positiva con algún supervisor o analista didacta para garantizar una suficientemente buena evolución del entrenamiento y el desarrollo de las destrezas clínicas, re- afirmar el sentimiento básico de seguridad en sí mismo constantemente cuestionado.
El subtítulo Cowardice in Candidates me hubiese gustado  más que se llamase  Cowardice or Courage? O  bien Courage in candidates, Sus títulos y subtítulos son afirmaciones que dan peso al polo negativo y causa un impacto fuerte.   Sandra explica cómo se necesita valor y coraje para sobrevivir a la formación. Se requiere valor para cumplir más o menos satisfactoriamente la enorme carga de requisitos: las mínimo 250 horas de supervisión de casos, y los mínimo cuatro años de análisis personal con la frecuencia de mínimo dos sesiones por semana, más las horas de las clases teóricas y los seminarios clínicos, más el trabajo en casa, más las horas en la clínica y las notas sobre los pacientes atendidos.
El programa es exhaustivo y sin embargo se transita  porque se ha hecho una elección vocacional, y regularmente no para cambiarse de carrera tres veces como suele suceder en otras facultades porque, se comenta, el contenido no resulta lo que se desea o por aburrimiento.
En esta formación  nadie se aburre. Todo lo contrario resulta ser, solo que no lo sabíamos,  una deporte extremo de alto riesgo y que genera alta adrenalina como se dice ahora.
En nuestra experiencia formando candidatos en el Seminario de Socio psicoanálisis hemos añadido a la formación, la participación en investigación sobre temas relevantes como el carácter social o el apego, la observación de bebés, y algunas salidas  al campo combinando paseo y trabajo en equipo con alguna población estudiada, lo que pudiera parecer una sobrecarga. Pese a todo hemos constatado que aligera, refresca,  por tratarse de actividades estimulantes, disfrutables, a veces también difíciles por el contacto con la pobreza o la desventaja social pero al final gozosas que ofrecen un intercambio significativo entre compañeros, como seres humanos. Estas experiencia ayudan a contra restar sobre todo el miedo  tan característico, como bien lo señala Sandra en su libro.
El verdadero reto es cómo llegar a ser realmente uno mismo y desarrollar el propio estilo, proceso que lleva sin bien nos va unos cuantos años después de terminar la formación formal y con la disciplina de una práctica clínica  constante y consistente.
El libro es una toma de conciencia. La responsabilidad, el desamparo y la soledad del pasante en formación, es real. Lo que sucede no será acaso debido a la angustia que produce en los encargados de la formación la enorme  responsabilidad de volver el psicoanálisis transmisible para que siga vivo de generación en generación?

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